
“IGNORAR EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN Y PRUDENCIA NOS CUESTA VIDAS”
El Grupo Ecologista Mediterráneo exige una verdadera ordenación del territorio para evitar más tragedias
Estos últimos días estamos asistiendo a tremendas tragedias en forma de incendios forestales. La semana pasada estaban activos en España casi cuarenta episodios de fuego en extensas áreas rurales que han mantenido en alerta a todo un país y obligado a movilizar cientos, probablemente miles de millones de euros para tratar de poner freno a las llamas que destruyen áreas forestales, cubiertas vegetales, la vida animal y, lo que es peor y más triste, vidas humanas.
Desde el Grupo Ecologista Mediterráneo nos queremos sumar al pesar de las familias que han vivido el drama de perder seres queridos en algunos de esos fuegos, particularmente el que se iniciaba en la zona de Los Gallardos, extendido por el calor extremo, la sequedad del terreno y los vientos dominantes a otros varios términos municipales de la zona del levante almeriense.
A finales del mes de junio poníamos en marcha una campaña de prevención y alerta ante los incendios forestales que incluía desde un llamamiento a la colaboración de todos los ciudadanos hasta el aviso de que estamos sometidos al riesgo creciente de los llamados incendios ‘de sexta generación’, aquellos que por su virulencia y por las trágicas consecuencias que general son los más difíciles de apagar y los que al mismo tiempo generan los daños más intensos en las áreas forestales o rurales.
Desde hace ya décadas la comunidad científica internacional alerta sobre los efectos del cambio climático en los territorios. Muchos de los estudios realizados sitúan a la provincia de Almería en la ‘Zona Cero’ de ese cambio cuyos efectos son tan notables como los que han sacudido a la provincia en esta última semana. Ni siquiera un final de invierno y una primavera ciertamente lluviosas han servido para disminuir los niveles de riesgo; más bien al contrario, ya que el aumento de vegetación se ha convertido en un elemento de mayor riesgo porque, con la llegada de las olas de calor, el monte su ha convertido en combustible, pasto de las llamas con el menor brote de fuego.

Queremos unir nuestra voz a la de las personas investigadoras, la comunidad científica y los colectivos profesionales, como el de la ingeniería forestal, que vienen intensificando sus mensajes de alerta ante uno de los mayores desafíos ambientales a los que nos enfrentamos.
Lamentablemente, esas voces, que reclaman un mayor esfuerzo en la prevención, la ordenación del territorio y la gestión sostenible de los recursos forestales y naturales, no están encontrando el eco que cabría esperar por parte de quienes tienen la responsabilidad legal y ética de prevenir los incendios forestales o de hacerles frente cuando se producen con la intensidad que, por desgracia, estamos contemplando.
Desde hace décadas estamos pidiendo una ordenación del territorio que no consiste, como algunas personas creen, en establecer nuevas áreas residenciales o en buscar acomodo a proyectos de diversa índole que suelen ignorar los riesgos. Existe desde hace muchos años el ‘principio de precaución y prudencia’ que a muy pocas administraciones o responsables institucionales parece importarles lo más mínimo. Y así vemos con creciente preocupación que se siguen produciendo ocupaciones irregulares en zonas en las que existe un riesgo cierto de incendios forestales o en aquellas otras declaradas zonas inundables.
Las consecuencias de la inobservancia de esas reglas del juego están lamentablemente a la vista. Episodios como la DANA de Valencia (o las que han azotado a Almería en las últimas décadas) o los terribles incendios que se han llevado por delante el patrimonio natural o las vidas de esos vecinos residentes en los llamados ‘diseminados’ en amplias zonas rurales, tenían sobre los bienes y las poblaciones una serie de riesgos que, por más que nos pese, han tenido muy lamentables consecuencias.

Durante estos días, diversas personas con representación política e institucional han calificado lo ocurrido en el incendio iniciado en Los Gallardos como una tragedia de enorme magnitud, agravada por la denominada "tormenta perfecta": el origen, aparentemente fortuito, de la chispa que desencadenó el devastador incendio; la intensa ola de calor; la prolongada sequía que castiga nuestros campos; y el viento cálido que recorrió sin tregua los cerros y valles de las sierras del Levante almeriense.
Pero la realidad es tozuda, los estudios sobre el cambio climático son determinantes y las opiniones de científicos o colectivos de expertos como los ingenieros forestales ya nos han facilitado infinidas de datos e informes advirtiendo que el cambio climático ya está aquí y ha venido para quedarse. Lo ocurrido con fenómenos derivados del mismo ya han sido descritos en profundidad y las consecuencias eran previsibles.
De nada sirve ahora llorar cuando no se ha trabajado previamente en alcanzar un grado de concienciación de los verdaderos problemas a los que nos enfrentamos. Y ese trabajo tiene un nombre muy concreto y es ‘ordenación del territorio’, es decir definir en qué zonas es aconsejable vivir o producir, de qué recursos disponemos y cómo podemos hacer que las consecuencias del cambio climático no nos sigan sorprendiendo cada vez que ocurren episodios tan tristes, tan dramáticos y de consecuencias tan graves como las que hemos tenido que vivir en estos últimos días.
En resumen, ya entrados en el Siglo XXI sabemos qué podemos esperar del cambio climático y sus efectos, conocemos las consecuencias desde cualquier punto de vista de ignorar las advertencias. Ahora hemos de llorar a los muertos, acompañar a sus familias y tratar de reconstruir lo dañado por el fuego. Pero sobre todo entendemos que trabajar en la ardua tarea de prepararnos para tragedias como la vivida no puede ser una tarea eternamente aplazada desde las administraciones, instituciones y poderes de cualquier índole o relevancia. Cuanto más demoremos esa ordenación del territorio que llevamos muchos años demandando, las consecuencias de esa irresponsabilidad serán, mucho nos tememos, cada vez más graves, más tristes y más irreversibles.
Puedes conocer nuestra campaña en el siguiente link campaña forestal 2026.
Almería, 13 de julio de 2026
GRUPO ECOLOGISTA MEDITERRÁNEO