HISTORIAS DEL VERANO SIN FINAL FELIZ
En una carretera, de las que llaman secundarias, local o comarcal, el asfalto está caliente, más caliente que lo que se encuentra alrededor, consecuencia de su color, negro,  que recoge mejor los rayos del sol. Este calor, que atrae a multitud de insectos, que lo sobrevuela o aprovechan este calor para calentarse ellos, y a reptiles, animales de sangre fría que necesitan el calor para activarse, y de paso aprovechan para comerse unos cuantos insectos. La presencia de insectos, a su vez atrae a multitud de aves que se alimentan de ellos, tanto en el suelo como en el aire.
Un tramo recto, con buena visibilidad, en el que a pesar de que la velocidad está limitada a 70 o 90 Km/h, raro es el coche que respeta esos límites. Un coche va dejando una estela de insectos muertos, muchos de los cuales quedan pegados al parabrisas o a la carrocería, pero muchos otros caen al asfalto, de repente el conductor oye un ruidito, como si algo pequeñito, hubiese chocado contra el vehículo, así ha sido, acaba de atropellar a una golondrina que en ese momento se estaba alimentando de los insectos que sobrevolaban la carretera. El animal, con su escaso peso, apenas unos gramos, no dejará huella del impacto, aparte del pequeño ruido producido, pero su cadáver queda postrado en la carretera. En esto un zorro oportunista, intenta hacerse con los restos del pajarillo, con tan mala suerte que otro coche, se lo lleva por delante, en este caso el conductor si que se habrá dado cuenta, ya que el impacto le habrá dejado huellas en el parachoques.

Todos los años mueren atropelladas en las carreteras españolas, un mínimo de 30.000.000 de vertebrados, ¡Sí, treinta millones!, y esa es la cifra mínima. Ya que las estimaciones apuntan a los cuarenta millones. Nueve millones de anfibios, cuatro millones de reptiles, doce millones de aves y cinco millones de mamíferos mueren atropellados en las carreteras de nuestro país, sin que este hecho suela preocupar mucho ni a la población ni a las instituciones encargadas de la protección de la naturaleza. El problema puede llegar a ser tan grave que hay especies amenazadas por culpa de los atropellos.

Los animales grandes, zorros, jabalíes,… suponen un peligro para el tráfico, por lo que se suelen tomar medidas para evitarlos, así las autopistas y autovías están valladas, pero los animales de pequeño tamaño, pájaros, erizos, reptiles,… suelen ser atropellados sin que nadie se entere y tengamos constancia del problema que supone.

Una de las causas más importantes de los atropellos es la elevada de velocidad de los vehículos, van tan deprisa que los animales ni los ven, lo que hace que antes de que se den cuenta del peligro ya hayan sido arrollados.

Pero es que además la carretera es un foco de atracción para la fauna de los alrededores, hasta el punto de que se ha convertido en un ecosistema del que se benefician las especies más oportunistas, que también pueden morir atropelladas.

Las carreteras suelen ser de asfalto negro, esto hace que se calienten mucho más deprisa que su entorno y que retengan mejor el calor. Este hecho atrae a multitud de animales, empezando por los insectos que buscan el calor matutino, o que por la noche son atraídos por las luces de los vehículos, como consecuencia muchos son atropellados, se estampan contra el vehículo, todos los conductores tiene el recuerdo de la suciedad que provocan los insectos que chocan contra el parabrisas, pero no todos se quedan pegados, muchos de ellos caen o se quedan en el asfalto.

Los reptiles y anfibios, que son animales de sangre fría y necesitan el calor, también acuden a la carretera, y sobre todo por las mañanas, todavía fríos, se mueven más despacio, y eso puede tener consecuencias fatales.

Y si además de estar caliente, tiene comida, además de las culebras, acuden todo tipo de reptiles o de batracios (ranas), muchas protegidas, como los camaleones, buscando calor o alimento con muchas probabilidades de morir en la carretera.

Pero las que mueren en mayor número son sin duda las aves. Estas no necesitan el calor de la caretera, pero van buscando los insectos que vuelan sobre las carreteras o los insectos y animales atropellados, lo que en muchas ocasiones ocasiona que las alcance algún coche.

Aunque también mueren aves de gran tamaño, la mayoría son aves pequeñas que apenas pesan unos gramos, por lo que sus impactos contra los vehículos pueden pasar desapercibidos para el conductor.

Las carreteras fragmentan el espacio y muchas especies que ni necesitan el calor, ni buscan alimento se ven obligadas a cruzar, por ejemplo los conejos, cuyos restos, en ocasiones, podemos contemplar pegados al asfalto. La construcción de pasos para fauna silvestre, que se lleva a cabo en las grandes obras, es necesaria, pero no es suficiente, además, son muy raros, por no decir inexistentes, en las vías secundarias que es donde se producen el mayor numero de atropellos.

¿QUE PODEMOS HACER PARA EVITAR ESTO?

Hay cosas que deben hacer las administraciones, como tomar medidas en el momento de la construcción de las carreteras para crear pasos de fauna, vallados,… Localizar los puntos negros y señalizarlos adecuadamente. Hay artículos de revistas de tráfico en los que se proponen modelos de señales, y establecer límites de velocidad en las zonas más sensibles.

Pero los ciudadanos y sobre todo los conductores también pueden hacer algo, y ese algo es una cosa tan sencilla como reducir la velocidad. Los animales no son suicidas y si ven un vehículo y les da tiempo se apartan, y para ver cuando hay que ir más despacio solo hace falta darse cuenta de por donde estamos circulando. En estas fechas en que muchas aves están criando, sobre todo en las carreteras comarcales podemos probar a respetar los límites de velocidad y mejor si vamos un poco más despacio, así podremos prestar un poco de atención al paisaje, gastaremos menos combustible, lo que además reducirá la contaminación, y no seremos la causa de que mueran más animales en la carretera.

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